|
El PC conectado a
Internet, sin la precaución y protección
necesaria, es vulnerable a la invasión de
‘parásitos’ capaces de tomar el control del
equipo. Hay programas que se instalan furtivamente
en el disco duro y que, desde un segundo plano,
convierten el ordenador en un escaparate
publicitario, espían la actividad del usuario,
usurpan la conexión a Internet para enviar
información sobre sus hábitos o sus datos
personales, e incluso lanzan ventanas, cambian la
página de inicio, añaden nuevos favoritos o
instalan barras de navegación casi imposibles de
eliminar. Son, a todas luces, intrusos, virus que
a diferencia de éstos no tratan de destruir, pero
sí recopilan información no autorizada por el
usuario, con la violación para la privacidad que
ello supone. Además, ralentizan el ordenador y la
conexión a Internet.
‘Malware’
Se pueden definir tres tipos de programas
maliciosos (malware): aquellos que, con la excusa
de rentabilizar el software que se regala,
incluyen aplicaciones para lanzar anuncios; otros
que, además, registran la actividad del usuario e
informan de sus movimientos y unos terceros que
modifican el PC a su antojo. Aunque muchos claman
por la legalidad de estos programas espía, lo
cierto es que la mayoría ocultan sus intenciones
tras una cantidad ingente de letra pequeña.
Si el usuario comienza a notar comportamientos
extraños en su ordenador —iconos desconocidos en
el escritorio, constantes ventanas con anuncios,
una página de inicio desconocida y habitualmente
pornográfica...—, es probable que se le haya
instalado uno de éstos parásitos. Lo peor es que
son complicados de detectar y destruir, pues a
veces incluso eliminan las opciones para
deshacerse de ellos “por las buenas”.
De la publicidad al espionaje
Se conoce como adware a los programas que muestran
publicidad mientras están en uso. Estos programas,
de por sí molestos, están bajo sospecha por su
habitual tendencia a registrar hábitos o
información personal del usuario para vendérselo a
terceras partes, convirtiéndose en spyware. No
todo el adware actúa como programa espía, y para
muchas empresas esta forma de publicidad es la
única posibilidad de ofrecer productos de forma
gratuita. Lo que deben hacer es advertir en la
instalación de sus intenciones. El que no quiera
que el programa despliegue anuncios, simplemente
deberá optar por comprarlo, igual que hace al
abonarse a una televisión de pago.
Sin la autorización del usuario, y muy a menudo
sin su conocimiento, el spyware graba sus
movimientos recopilando datos de toda índole. Los
más inocuos registran el número de conexiones a
Internet y su duración, el sistema operativo y
navegador utilizado, etc. Pero en su versión más
ladina son capaces de añadir al informe las
páginas visitadas, los banners que se pinchan, los
archivos descargados... hasta llegar a fichar
información tan personal como el software
instalado, el número de IP (que identifica al
ordenador al conectarse a Internet) o la dirección
de correo electrónico.
Sospechosos habituales
Lo más habitual es que estos compañeros de viaje
no deseados se cuelen en la computadora a través
de un virus o al instalar un programa nuevo, pero
a veces basta con utilizar un navegador poco
seguro (como, según muchos expertos, es el
Internet Explorer) para resultar infectado.
Determinado código incrustado en páginas Web o
mensajes de correo electrónico es suficiente para
rastrear la actividad del usuario.
El riesgo de albergar programas maliciosos está
directamente relacionado con la actividad del
internauta, aunque nadie debe sentirse a salvo.
Los programas para intercambio de archivos (P2P)
son habituales en las listas negras. Morpheus,
Imesh, Limewire o Grokster son malvados
habituales, y KaZaa se lleva la palma al incluir
software espía como eZula, Gator o Cydoor.
Pero el entramado de la ‘red de espionaje’ es muy
complejo, y abarca desde las agencias de
publicidad online (como DoubleClick, Web3000 o
SaveNow) hasta las aplicaciones que se instalan
para servir anuncios o colectar información (Cydoor,
WebHancer o Delfin) y los programas que los
albergan (tipo KaZaa). Hay quien incluye a los que
recopilan datos sin relación con la publicidad (Alexa,
Hotbar, CuteFTP o GetRight) y a los reproductores
(Media Player y Real Player) que registran las
canciones escuchadas por el usuario, una
información muy valiosa para las discográficas y
los gestores de derechos de autor.
Buscar y destruir
La primera medida de protección pasa por poner
atención al instalar un programa gratuito y andar
con ojos de camaleón al navegar determinadas
páginas. Es recomendable utilizar un navegador
seguro, como Mozilla, o si se usa Explorer
extremar la vigilancia. No obstante, se pueden
levantar diversas barreras para parapetarse frente
a los programas malignos o limitar su daño. La
primera, un cortafuegos (firewall) para detectar y
bloquear los intentos de conexión indeseados.
También hay programas, como StartPage Guard o
Spyware Blaster, dedicados a prevenir el
‘secuestro’ del navegador.
Una vez que los intrusos se han instalado en el
ordenador, se puede echar mano de programas para
detectarlos y eliminarlos. Dos de los más
populares y gratuitos son Ad-aware de Lavasoft (www.lavasoftusa.com)
y Spybot Search & Destroy (www.safer-networking.org),
aunque si se trata de spyware sofisticado habrá
que pagar por programas como SpyCop y Evidence
Terminator (www.spywareinfo.com).
Y de nuevo hay que andar avispado: se han
detectado programas, como SpyBan, que eliminan
programas espía a la vez que introducen otros.
|